miércoles, 10 de octubre de 2012

Preparándonos para el Annus Fidei


12 meses para hacer crecer la fe


Un lector anónimo nos propone un plan sencillo y práctico para acrecentar tu (nuestra) fe:

Lee los documentos de preparación para este Año: la Carta apostólica Porta Fidei de Benedicto XVI (11 de octubre de 2011) y la Nota con indicaciones pastorales para este Año de la Congregación para la doctrina de la fe (6 de enero de 2012).

Acércate al Catecismo de la Iglesia Católica donde está concentrado todo en lo que creemos: estúdialo, medítalo y compártelo. Hay otras dos versiones valiosas del Catecismo de la Iglesia Católica: el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, notoriamente más breve, y el YouCat, pensado para los jóvenes, que también cuenta con una página web interactiva: www.youcat.org/es.

Conoce las actividades que se realizarán a lo largo del año. La Santa Sede ha lanzado el portal www.annusfidei.va para el Año de la fe. Pronto estará disponible en español.

Participa activamente en la liturgia, especialmente en la Eucaristía, por ejemplo, utilizando un misal. La Eucaristía es la mejor fuente para vivificar la fuerza de la fe.

Lee un buen libro de historia de la Iglesia, como el famoso "Fundada sobre roca" (Editorial Palabra) de Louis de Wohl, que es es interesante y breve, además de estar bien contado.

El apóstol Santiago dice que la fe sin obras está muerta. Colabora con una organización como Cáritas, en un comedor social, o con alguna congregación religiosa en misiones de evangelización. Infórmate en: www.soymisionero.es.

lunes, 8 de octubre de 2012

Salmo 69

SALMO 69 (68)

Sálvame, oh Dios, pues eres fiel

69:1 Del maestro de coro. Según la melodía de "Los lirios". De David. 

Descripción de los males

69:2 ¡Sálvame, Dios mío,
porque el agua me llega a la garganta!
69:3 Estoy hundido en el fango del Abismo
y no puedo hacer pie;
he caído en las aguas profundas,
y me arrastra la corriente.
69:4 Estoy exhausto de tanto gritar,
y mi garganta se ha enronquecido;
se me ha nublado la vista
de tanto esperar a mi Dios.
69:5 Más numerosos que los cabellos de mi cabeza
son los que me odian sin motivo;
más fuertes que mis huesos,
los que me atacan sin razón.
¡Y hasta tengo que devolver
lo que yo no he robado!
69:6 Dios mío, tú conoces mi necedad,
no se te ocultan mis ofensas.
69:7 Que no queden defraudados por mi culpa
los que esperan en ti, Señor del universo;
que no queden humillados por mi causa
los que te buscan, Dios de Israel.
69:8 Por ti he soportado afrentas
y la vergüenza cubrió mi rostro;
69:9 me convertí en un extraño para mis hermanos,
fui un extranjero para los hijos de mi madre:
69:10 porque el celo de tu Casa me devora,
y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian.
69:11 Cuando aflijo mi alma con ayunos,
aprovechan para insultarme;
69:12 cuando me visto de penitente,
soy para ellos un motivo de risa;
69:13 los que están a la puerta murmuran contra mí,
y los bebedores me hacen burla con sus cantos. 

Pedido de auxilio

69:14 Pero mi oración sube hasta ti, Señor,
en el momento favorable:
respóndeme, Dios mío, por tu gran amor,
sálvame, por tu fidelidad.
69:15 Sácame del lodo para que no me hunda,
líbrame de los que me odian
y de las aguas profundas;
69:16 que no me arrastre la corriente,
que no me trague el Abismo,
que el Pozo no se cierre sobre mí.
69:17 Respóndeme, Señor, por tu bondad y tu amor,
por tu gran compasión vuélvete a mí;
69:18 no le ocultes el rostro a tu servidor,
respóndeme pronto, porque estoy en peligro.
69:19 Acércate a mi y rescátame,
líbrame de mis enemigos:
69:20 tú conoces mi afrenta, mi vergüenza y mi deshonra,
todos mis enemigos están ante ti.
69:21 La vergüenza me destroza el corazón,
y no tengo remedio.
Espero compasión y no la encuentro,
en vano busco un consuelo:
69:22 pusieron veneno en mi comida,
y cuando tuve sed me dieron vinagre. 

Imprecación contra los enemigos

69:23 Que su mesa se convierta en una trampa,
y sus manjares, en un lazo;
69:24 que se nuble su vista y no vean,
y sus espaldas se queden sin fuerzas.
69:25 Descarga sobre ellos tu indignación
que los alcance el ardor de tu enojo;
69:26 que sus poblados se queden desiertos
y nadie habite en sus carpas.
69:27 Porque persiguen al que tú has castigado
y aumentan los dolores del que tú has herido.
69:28 Impútales una culpa tras otra,
no los declares inocentes;
69:29 bórralos del Libro de la Vida,
que no sean inscritos con los justos. 

Acción de gracias

69:30 Yo soy un pobre desdichado, Dios mío,
que tu ayuda me proteja:
69:31 así alabaré con cantos el nombre de Dios,
y proclamaré su grandeza dando gracias;
69:32 esto agradará al Señor más que un toro,
más que un novillo con cuernos y pezuñas.
69:33 Que lo vean los humildes y se alegren,
que vivan los que buscan al Señor:
69:34 porque el Señor escucha a los pobres
y no desprecia a sus cautivos.
69:35 Que lo alaben el cielo, la tierra y el mar,
y todos los seres que se mueven en ellos;
69:36 porque el Señor salvará a Sión
y volverá a edificar las ciudades de Judá:
69:37 el linaje de sus servidores la tendrá como herencia,
y los que aman su nombre morarán en ella.

viernes, 5 de octubre de 2012

El torbellino


«Espíritu que naufraga
en medio de un torbellino,
porque manda mi destino
que lo que no quiero haga;

»frente al empuje brutal
de mi terrible pasión,
le pregunto a mi razón
dónde están el bien y el mal;

»quién se equivoca, quién yerra;
la conciencia, que me grita:
—¡Resiste!, llena de cuita,
o el titán que me echa en tierra.

»Si no es mío el movimiento
gigante que me ha vencido,
¿por qué, después de caído,
me acosa el remordimiento?

»La peña que fue de cuajo
arrancada y que se abisma,
no se pregunta a sí misma
por qué cayó tan abajo;

»mientras que yo, ¡miserable!,
si combato, soy vencido,
y si caigo, ya caído
aún me encuentro culpable,

»¡y en el fondo de mi mal,
ni el triste consuelo siento
de que mi derrumbamiento
fue necesario y fatal!»

Así, lleno de ansiedad
un hermano me decía,
y yo le oí con piedad,
pensando en la vanidad
de toda filosofía...
y clamé, después de oír
"«Oh mi sabio no saber,
mi elocuente no argüir,
mi regalado sufrir,
mi ganancioso perder!»



Amado Nervo

lunes, 1 de octubre de 2012

Salmo 68

SALMO 68 (67)

Nuestro Dios es un Dios que nos salva

68:1 Del maestro de coro. De David. Salmo. Canto. 

Comienzo de la liturgia procesional

68:2 ¡Se alza el Señor!
Sus enemigos se dispersan
y sus adversarios huyen delante de él.
68:3 Tú los disipas como se disipa el humo;
como se derrite la cera ante el fuego,
así desaparecen los impíos delante del Señor.
68:4 Pero los justos se regocijan,
gritan de gozo delante del Señor
y se llenan de alegría.
68:5 ¡Canten al Señor,
entonen un himno a su Nombre!
¡Ábranle paso al que cabalga sobre las nubes!
Su Nombre es "el Señor":
¡griten de alegría en su presencia!
68:6 El Señor en su santa Morada
es padre de los huérfanos y defensor de las viudas:
68:7 él instala en un hogar a los solitarios
y hace salir con felicidad a los cautivos,
mientras los rebeldes habitan en un lugar desolado. 

La marcha del Señor por el desierto

68:8 Señor, cuando saliste al frente de tu pueblo,
cuando avanzabas por el desierto,
68:9 tembló la tierra y el cielo dejó caer su lluvia,
Pausa
delante del Señor —el del Sinaí— 

delante del Señor, el Dios de Israel.
68:10 Tú derramaste una lluvia generosa, Señor:
tu herencia estaba exhausta y tú la reconfortaste;
68:11 allí se estableció tu familia,
y tú, Señor, la afianzarás
por tu bondad para con el pobre. 

El anuncio de la victoria

68:12 El Señor pronuncia una palabra
y una legión de mensajeros anuncia la noticia:
68:13 "Huyen los reyes, huyen con sus ejércitos,
y te repartes como botín los adornos de un palacio.
68:14 ¡No se queden recostados entre los rebaños!
Las alas de la Paloma están recubiertas de plata,
y su plumaje, de oro resplandeciente".
68:15 Cuando el Todopoderoso dispersó a los reyes,
caía la nieve sobre el Monte Umbrío. 

La Montaña de Sión, Morada del Señor

68:16 ¡Montañas divinas, montañas de Basán,
montañas escarpadas, montañas de Basán!
68:17 ¿Por qué miran con envidia, montañas escarpadas,
a la Montaña que Dios prefirió como Morada?
¡Allí el Señor habitará para siempre!
68:18 Los carros de guerra de Dios
son dos miríadas de escuadrones relucientes:
¡el Señor está en medio de ellos,
el Sinaí está en el Santuario!
68:19 Subiste a la altura llevando cautivos,
recogiste dones entre los hombres
—incluso entre los rebeldes—
cuando te estableciste allí, Señor Dios. 

El Señor, defensor de su Pueblo

68:20 ¡Bendito sea el Señor, el Dios de nuestra salvación!
Él carga con nosotros día tras día; Pausa
68:21 él es el Dios que nos salva
y nos hace escapar de la muerte.
68:22 Sí, Dios aplastará la cabeza de sus enemigos,
el cráneo de los que se obstinan en sus delitos.
68:23 Dice el Señor: "Los traeré de Basan,
los traeré desde los abismos del mar,
68:24 para que hundas tus pies en la sangre del enemigo
y la lengua de tus perros también tenga su parte". 

Marcha litúrgica hacia el Santuario

68:25 Ya apareció tu cortejo, Señor,
el cortejo de mi Rey y mi Dios hacia el Santuario:
68:26 los cantores van al frente, los músicos, detrás;
las jóvenes, en medio, van tocando el tamboril.
68:27 ¡Bendigan al Señor en medio de la asamblea!
¡Bendigan al Señor desde la fuente de Israel!
68:28 Allí Benjamín, el más pequeño, abre la marcha
con los príncipes de Judá, vestidos de brocado,
con los príncipes de Zabulón
y los príncipes de Neftalí. 

El sometimiento de los pueblos

68:29 Tu Dios ha desplegado tu poder:
¡sé fuerte, Dios, tú que has actuado por nosotros!
68:30 A causa de tu Templo, que está en Jerusalén,
los reyes te presentarán tributo.
68:31 Reprime a la Fiera de los juncos,
al tropel de los toros y terneros:
que esos pueblos se rindan a tus pies,
trayendo lingotes de oro.
El Señor dispersó a los pueblos guerreros;
68:32 telas preciosas llegan de Egipto
y Etiopía, con sus propias manos,
presenta sus dones a Dios. 

Alabanza final

68:33 ¡Canten al Señor, reinos de la tierra,
entonen un himno al Señor, Pausa
68:34 al que cabalga por el cielo,
por el cielo antiquísimo!
Él hace oír su voz poderosa,
68:35 ¡reconozcan el poder del Señor!
Su majestad brilla sobre Israel
y su poder, sobre las nubes.
68:36 Tú eres temible, Señor, desde tus santuarios.
El Dios de Israel concede a su pueblo
el poder y la fuerza.
¡Bendito sea Dios!

viernes, 28 de septiembre de 2012

"Via, veritas et vita"


Ver en todas las cosas
del Espíritu incógnito las huellas;
contemplar
sin cesar,
en las diáfanas noche misteriosas,
la santa desnudez de las estrellas...
¡Esperar!
¡Esperar!
¿Qué? ¡Quién sabe! Tal vez una futura
y no soñada paz... Sereno y fuerte,
correr esa aventura
sublime y portentosa de la muerte.

Mientras, amarlo todo... y no amar nada,
sonreír cuando hay sol y cuando hay brumas;
cuidar de que en el áspera jornada
no se atrofien las alas, ni oleada
de cieno vil ensucie nuestras plumas.

Alma: tal es la orientación mejor,
tal es el instintivo derrotero
que nos muestra un lucero
interior.

Aunque nada sepamos del destino,
la noche a no temerlo nos convida.
Su alfabeto de luz, claro y divino,
nos dice: «Ven a mí: soy el Camino,
la Verdad y la Vida.»



Amado Nervo

lunes, 24 de septiembre de 2012

Salmo 67

SALMO 67 (66)

¡Oh Dios, que te den gracias los pueblos!

67:1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo. Canto.
67:2 El Señor tenga piedad y nos bendiga,
haga brillar su rostro sobre nosotros, Pausa
67:3 para que en la tierra se reconozca su dominio,
y su victoria entre las naciones.
67:4 ¡Que los pueblos te den gracias, Señor,
que todos los pueblos te den gracias!
67:5 Que canten de alegría las naciones,
porque gobiernas a los pueblos con justicia
y guías a las naciones de la tierra. Pausa
67:6 ¡Que los pueblos te den gracias, Señor,
que todos los pueblos te den gracias!
67:7 La tierra ha dado su fruto:
el Señor, nuestro Dios, nos bendice.
67:8 Que Dios nos bendiga,
y lo teman todos los confines de la tierra.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Si una espina me hiere...

 Si una espina me hiere, me aparto de la espina,
...¡pero no la aborrezco! Cuando la mezquindad
envidiosa en mi clava los dardos de su inquina,
esquívase en silencio mi planta, y se encamina hacia más puro
ambiente de amor y caridad.

¿Rencores? ¡De qué sirven! ¿Qué logran los rencores?
Ni restañan heridas, ni corrigen el mal.
Mi rosal tiene apenas tiempo para dar flores,
y no prodiga savias en pinchos punzadores:
si pasa mi enemigo cerca de mi rosal,

se llevará las rosas de más sutil esencia;
y si notare en ellas algún rojo vivaz,
¡será el de aquella sangre que su malevolencia
de ayer vertió, al herirme con encono y violencia,
y que el rosal devuelve, trocado en flor de paz!



Amado Nervo

lunes, 17 de septiembre de 2012

Salmo 66

SALMO 66 (65)

¡Oh Dios, qué admirables son tus obras!

66:1 Del maestro de coro. Canto. Salmo. 

Invitación a la alabanza

¡Aclame al Señor toda la tierra!
66:2 ¡Canten la gloria de su Nombre!
Tribútenle una alabanza gloriosa,
66:3 digan al Señor: "¡Qué admirables son tus obras!"
Por la inmensidad de tu poder,
tus enemigos te rinden pleitesía;
66:4 toda la tierra se postra ante ti,
y canta en tu honor, en honor de tu Nombre.
Pausa
66:5 Vengan a ver las obras del Señor,
las cosas admirables que hizo por los hombres:
66:6 él convirtió el Mar en tierra firme,
a pie atravesaron el Río.
Por eso, alegrémonos en él,
66:7 que gobierna eternamente con su fuerza;
sus ojos vigilan a las naciones,
y los rebeldes no pueden sublevarse. Pausa
66:8 Bendigan, pueblos, a nuestro Dios,
hagan oír bien alto su alabanza:
66:9 él nos concedió la vida
y no dejó que vacilaran nuestros pies.
66:10 Porque tú nos probaste, Señor,
nos purificaste como se purifica la plata;
66:11 nos hiciste caer en una red,
cargaste un fardo sobre nuestras espaldas.
66:12 Dejaste que cabalgaran sobre nuestras cabezas,
pasamos por el fuego y por el agua,
¡hasta que al fin nos diste un respiro! 

Liturgia de acción de gracias

66:13 Yo vengo a tu Casa a ofrecerte holocaustos,
para cumplir los votos que te hice:
66:14 los votos que pronunciaron mis labios
y que mi boca prometió en el peligro.
66:15 Te ofreceré en holocausto animales cebados,
junto con el humo de carneros;
te sacrificaré bueyes y cabras. Pausa
66:16 Los que temen al Señor, vengan a escuchar,
yo les contaré lo que hizo por mí:
66:17 apenas mi boca clamó hacia él,
mi lengua comenzó a alabarlo.
66:18 Si hubiera tenido malas intenciones,
el Señor no me habría escuchado;
66:19 pero Dios me escuchó
y atendió al clamor de mi plegaria.
66:20 Bendito sea Dios,
que no rechazó mi oración
ni apartó de mí su misericordia.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Viejo estribillo

 El exodo y las flores del camino

 ¿Quién es esa sirena de la voz tan doliente,
de las carnes tan blancas, de la trenza tan bruna?
—Es un rayo de luna que se baña en la fuente,
es un rayo de luna...

¿Quién gritando mi nombre la morada recorre?
¿Quién me llama en las noches con tan trémulo acento?
—Es un soplo de viento que solloza en la torre,
es un soplo de viento...

Dí, ¿quién eres, arcángel cuyas alas se abrasan
en el fuego divino de la tarde y que subes
por la gloria del éter? —Son las nubes que pasan;
mira bien, son las nubes...

¿Quién regó sus collares en el agua, Dios mío?
Lluvia son de diamantes en azul terciopelo...
—Es la imagen del cielo que palpita en el río,
es la imagen del cielo...

¡Oh Señor! La belleza sólo es, pues, espejismo;
nada más Tú eres cierto: ¡se Tú mi Dueño!
¿Dónde hallarte, en el éter, en la tierra, en mí mismo?
—Un poquito de ensueño te guiará en cada abismo,
un poquito de ensueño...



Amado Nervo

lunes, 10 de septiembre de 2012

Salmo 65

SALMO 65 (64)

Oh Dios, tú mereces que te alaben en Sión

65:1 Del maestro de coro. De David. Canto. 

Reconocimiento de la bondad de Dios

65:2 A ti, Señor, te corresponde
un canto de alabanza en Sión,
y todos tienen que cumplir sus votos,
65:3 porque tú escuchas las plegarias.
A ti acuden todos los hombres
65:4 bajo el peso de sus culpas:
nuestras faltas nos abruman,
pero tú las perdonas.
65:5 Feliz el que tú eliges y atraes
para que viva en tus atrios:
¡que nos saciemos con los bienes de tu Casa,
con los dones sagrados de tu Templo! 

La obra de Dios en la Creación

65:6 Por tu justicia, Dios, salvador nuestro,
nos respondes con obras admirables:
tú eres la esperanza de los confines de la tierra
y de las islas más remotas.
65:7 Tú afianzas las montañas con tu poder,
revestido de fortaleza;
65:8 acallas el rugido de los mares,
el estruendo de las olas
y el tumulto de los pueblos.
65:9 Los que habitan en las tierras más lejanas
temen tus obras prodigiosas;
tú haces que canten de alegría
el oriente y el occidente. 

La fertilidad de la tierra

65:10 Visitas la tierra, la haces fértil
y la colmas de riquezas;
los canales de Dios desbordan de agua,
y así preparas sus trigales:
65:11 riegas los surcos de la tierra,
emparejas sus terrones;
la ablandas con aguaceros
y bendices sus brotes.
65:12 Tú coronas el año con tus bienes,
y a tu paso rebosa la abundancia;
65:13 rebosan los pastos del desierto
y las colinas se ciñen de alegría.
65:14 Las praderas se cubren de rebaños
y los valles se revisten de trigo:
todos ellos aclaman y cantan.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Réquiem

 ¡Oh Señor!, Dios de los ejércitos,
eterno Padre, eterno Rey,
por este mundo que creaste
con la virtud de tu poder;
porque dijiste: la luz sea,
y a tu palabra la luz fue;
porque coexistes con el Verbo,
porque contigo el Verbo es
desde los siglos de los siglos
y sin mañana y sin ayer,
¡requiem aeternam dona eis, Domine,
et lux perpetua luceat eis!


Oh Jesucristo, por el frío
de tu pesebre de Belem,
por tus angustias en el Huerto,
por el vinagre y por la hiel,
por las espinas y las varas
con que tus carnes desgarré,
y por la cruz en que borraste
todas las culpas de Israel;
Hijo del Hombre, desolado,
trágico Dios, tremendo Juez:
¡requiem aeternam dona eis, Domine,
et lux perpetua luceat eis!


Divino Espíritu, Paráclito,
aspiración del gran Iavéh,
que unes al Padre con el Hijo,
y siendo El Uno sois los Tres;
por la paloma de alas níveas,
por la inviolada doncellez
de aquella Virgen que en su vientre
llevó al Mesías Emmanuel;
por las ardientes lenguas rojas
con que inspiraste ciencia y fe
a los discípulos amados
de Jesucristo, nuestro bien:
¡requiem aeternam dona eis, Domine,
et lux perpetua luceat eis!



Amado Nervo

lunes, 3 de septiembre de 2012

Salmo 64

SALMO 64 (63)

Señor, protege mi vida del enemigo

64:1 Del maestro de coro. Salmo de David.
64:2 Dios mío, escucha la voz de mi lamento,
protégeme del enemigo temible.
64:3 Apártame de la conjuración de los malvados,
de la agitación de los que hacen el mal.
64:4 Ellos afilan su lengua como una espada
y apuntan como flechas sus palabras venenosas,
64:5 para disparar a escondidas contra el inocente,
tirando de sorpresa y sin ningún temor.
64:6 Se obstinan en sus malos propósitos
y esconden sus trampas con astucia,
pensando: "¿Quién podrá verlo?"
64:7 Proyectan maldades y disimulan sus proyectos:
su interior es un abismo impenetrable.
64:8 Pero Dios los acribilla a flechazos
y quedan heridos de improviso;
64:9 su misma lengua los lleva a la ruina,
y aquellos que los ven mueven la cabeza.
64:10 Por eso, todos los hombres sentirán temor:
proclamarán esta obra de Dios
y reconocerán lo que él hizo.
64:11 El justo se alegrará en el Señor
y encontrará un refugio en él;
y se gloriarán todos los rectos de corazón.