lunes, 25 de noviembre de 2013

Salmo 128

SALMO 128 (127)

Que el Señor te bendiga desde Sión

128:1 Canto de peregrinación.
¡Feliz el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
128:2 Comerás del fruto de tu trabajo,
serás feliz y todo te irá bien.
128:3 Tu esposa será como una vid fecunda
en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoños de olivo
alrededor de tu mesa.
128:4 ¡Así será bendecido
el hombre que teme al Señor!
128:5 ¡Que el Señor te bendiga desde Sión
todos los días de tu vida:
que contemples la paz de Jerusalén
128:6 y veas a los hijos de tus hijos!
¡Paz a Israel!

lunes, 18 de noviembre de 2013

Salmo 127

SALMO 127 (126)

Si el Señor no construye la casa...

127:1 Canto de peregrinación. De Salomón.
Si el Señor no edifica la casa,
en vano trabajan los albañiles;
si el Señor no custodia la ciudad,
en vano vigila el centinela.
127:2 Es inútil que ustedes madruguen;
es inútil que velen hasta muy tarde
y se desvivan por ganar el pan:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
127:3 Los hijos son un regalo del Señor,
el fruto del vientre es una recompensa;
127:4 como flechas en la mano de un guerrero
son los hijos de la juventud.
127:5 ¡Feliz el hombre
que llena con ellos su aljaba!
No será humillado al discutir con sus enemigos
en la puerta de la ciudad.

San Agustín: Comentario al Salmo 127 (126)

El templo que Salomón edificó para el Señor era tipo y figura de la futura Iglesia, que es el cuerpo del Señor, tal como dice en el Evangelio: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Del mismo modo que Salomón edificó aquel templo, se edificó también un templo el verdadero Salomón, nuestro Señor Jesucristo, el verdadero pacífico. Porque hay que saber que el nombre de Salomón significa «Pacífico», y el verdadero pacífico es Jesucristo, de quien dice el Apóstol: Él es nuestra paz. Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa. Él es el verdadero pacífico que unió en su persona, constituyéndose en piedra angular, los dos muros que provenían de partes opuestas, a saber, el pueblo de los creyentes que provenían de la circuncisión, y el pueblo de los creyentes que provenían de la gentilidad incircuncisa; de ambos pueblos hizo una sola Iglesia, de la que es piedra angular, y por esto es el verdadero pacífico.

Cristo es el verdadero Salomón, y aquel otro Salomón, hijo de David, engendrado de Betsabé, rey de Israel, era figura de este Rey pacífico. Por esto, el salmo, para que pienses más bien en el nuevo Salomón, que es quien edificó la verdadera casa de Dios, empieza con estas palabras: Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles. El Señor es, por tanto, quien construye la casa, es el Señor Jesucristo quien construye su propia casa. Muchos son los que trabajan en la construcción, pero, si él no construye, en vano se cansan los albañiles.

¿Quiénes son los que trabajan en esta construcción? Todos los que predican la palabra de Dios en la Iglesia, los dispensadores de los misterios de Dios. Todos nos esforzamos, todos trabajamos, todos construimos ahora; y también antes de nosotros se esforzaron, trabajaron, construyeron otros; pero, si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles. Por esto, los apóstoles, y más en concreto Pablo, al ver que algunos se desmoronaban, dice: Respetáis ciertos días, meses, estaciones y años; me hacéis temer que mis fatigas por vosotros hayan sido inútiles. Como sabía que él mismo era edificado interiormente por el Señor, por esto se lamentaba por aquéllos, por el temor de haber trabajado en ellos inútilmente. Nosotros, por tanto, os hablamos desde el exterior, pero es él quien edifica desde dentro. Nosotros podemos saber cómo escucháis, pero cómo pensáis sólo puede saberlo aquel que ve vuestros pensamientos. Es él quien edifica, quien amonesta, quien amedrenta, quien abre el entendimiento, quien os conduce a la fe; aunque nosotros cooperamos también con nuestro esfuerzo.


San Agustín de Hipona

lunes, 11 de noviembre de 2013

Salmo 126

SALMO 126 (125)

El Señor ha hecho grandes cosas por nosotros

126:1 Canto de peregrinación.
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía que soñábamos:
126:2 nuestra boca se llenó de risas
y nuestros labios, de canciones.
Hasta los mismos paganos decían:
"¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!"
126:3 ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros
y estamos rebosantes de alegría!
126:4 ¡Cambia, Señor, nuestra suerte
como los torrentes del Négueb!
126:5 Los que siembran entre lágrimas
cosecharán entre canciones.
126:6 El sembrador va llorando
cuando esparce la semilla,
pero vuelve cantando
cuando trae las gavillas.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Salmo 124

SALMO 125 (124)

Paz a Israel

125:1 Canto de peregrinación.
Los que confían en el Señor
son como el monte Sión,
que permanece inconmovible para siempre.
125:2 Jerusalén está rodeada de montañas:
así rodea el Señor a su pueblo,
desde ahora y para siempre.
125:3 No permanecerá el cetro de los malvados
sobre la herencia de los justos;
no sea que también los justos
inclinen sus manos a la maldad.
125:4 Colma de bienes, Señor, a los buenos
y a los rectos de corazón.
125:5 ¡Que el Señor haga ir con los malvados
a los que se desvían por caminos tortuosos!
¡Paz a Israel!

lunes, 28 de octubre de 2013

Salmo 124

SALMO 124 (123)

Nuestro auxilio es el Señor

124:1 Canto de peregrinación. De David.
Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
—que lo diga Israel—
124:2 si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando los hombres se alzaron contra nosotros,
124:3 nos habrían devorado vivos.
Cuando ardió su furor contra nosotros,
124:4 las aguas nos habrían inundado,
un torrente nos habría sumergido,
124:5 nos habrían sumergido las aguas turbulentas.
124:6 ¡Bendito sea el Señor, que no nos entregó
como presa de sus dientes!
124:7 Nuestra vida se salvó como un pájaro
de la trampa del cazador:
la trampa se rompió y nosotros escapamos.
124:8 Nuestra ayuda está en el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

lunes, 21 de octubre de 2013

Salmo 123

SALMO 123 (122)

A ti, Señor, levanto mis ojos

123:1 Canto de peregrinación.
Levanto mis ojos hacia ti,
que habitas en el cielo.
123:2 Como los ojos de los servidores
están fijos en las manos de su señor,
y los ojos de la servidora
en las manos de su dueña:
así miran nuestros ojos al Señor, nuestro Dios,
hasta que se apiade de nosotros.
123:3 ¡Ten piedad, Señor,
ten piedad de nosotros,
porque estamos hartos de desprecios!
123:4 Nuestra alma está saturada
de la burla de los arrogantes,
del desprecio de los orgullosos.

lunes, 14 de octubre de 2013

Salmo 122

SALMO 122 (121)
 
Vamos a la casa del Señor

122:1 Canto de peregrinación. De David.
¡Qué alegría cuando me dijeron:
"Vamos a la Casa del Señor"!
122:2 Nuestros pies ya están pisando
tus umbrales, Jerusalén.
122:3 Jerusalén, que fuiste construida
como ciudad bien compacta y armoniosa.
122:4 Allí suben las tribus,
las tribus del Señor
—según es norma en Israel—
para celebrar el nombre del Señor.
122:5 Porque allí está el trono de la justicia,
el trono de la casa de David.
122:6 Auguren la paz a Jerusalén:
"¡Vivan seguros los que te aman!
122:7 ¡Haya paz en tus muros
y seguridad en tus palacios!".
122:8 Por amor a mis hermanos y amigos,
diré: "La paz esté contigo".
122:9 Por amor a la Casa del Señor, nuestro Dios,
buscaré tu felicidad.

lunes, 7 de octubre de 2013

Salmo 121

SALMO 121 (120)

Mi auxilio viene del Señor

121:1 Canto de peregrinación.
Levanto mis ojos a las montañas:
¿de dónde me vendrá la ayuda?
121:2 La ayuda me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
121:3 Él no dejará que resbale tu pie:
¡tu guardián no duerme!
121:4 No, no duerme ni dormita
él guardián de Israel.
121:5 El Señor es tu guardián,
es la sombra protectora a tu derecha:
121:6 de día, no te dañará el sol,
ni la luna de noche.
121:7 El Señor te protegerá de todo mal
y cuidará tu vida.
121:8 Él te protegerá en la partida y el regreso,
ahora y para siempre.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Salmo 120

SALMO 120 (119)

Líbrame, Señor, de los labios que mienten

120:1 Canto de peregrinación
En mi aflicción invoqué al Señor ,
y él me respondió.
120:2 ¡Líbrame, Señor, de los labios mentirosos
y de la lengua traicionera.
120:3 ¿Con qué te castigará el Señor,
lengua traicionera?
120:4 Con flechas afiladas de guerrero
y con brasas de retama.
120:5 ¡Ay de mí, que estoy desterrado en Mésec,
y vivo en los campamentos de Quedar!
120:6 Mucho tiempo he convivido
con los que odian la paz.
120:7 Cuando yo hablo de paz,
ellos declaran la guerra.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Salmo 119

SALMO 119 (118)
 
Dichosos los que siguen la ley del Señor

La felicidad de los que cumplen la Ley del Señor

119:1 Felices los que van por un camino intachable,
los que siguen la ley del Señor,
119:2 Felices los que cumplen sus prescripciones
y lo buscan de todo corazón,
119:3 los que van por sus caminos,
sin hacer ningún mal.
119:4 Tú promulgaste tus mandamientos
para que se cumplieran íntegramente.
119:5 ¡Ojalá yo me mantenga firme
en la observancia de tus preceptos!
119:6 Así no sentiré vergüenza,
al considerar tus mandamientos.
119:7 Te alabaré con un corazón recto,
cuando aprenda tus justas decisiones.
119:8 Quiero cumplir fielmente tus preceptos:
no me abandones del todo. 

La Ley de Señor, fuente de rectitud y alegría

119:9 ¿Cómo un joven llevará una vida honesta?
Cumpliendo tus palabras.
119:10 Yo te busco de todo corazón:
no permitas que me aparte de tus mandamientos.
119:11 Conservo tu palabra en mi corazón,
para no pecar contra ti.
119:12 Tú eres bendito, Señor:
enséñame tus preceptos.
119:13 Yo proclamo con mis labios
todos los juicios de tu boca.
119:14 Me alegro de cumplir tus prescripciones,
más que de todas las riquezas.
119:15 Meditaré tus leyes
y tendré en cuenta tus caminos.
119:16 Mi alegría está en tus preceptos:
no me olvidaré de tu palabra. 

Súplica para saber estimar la Ley del Señor

119:17 Sé bueno con tu servidor,
para que yo viva y pueda cumplir tu palabra.
119:18 Abre mis ojos,
para que contemple las maravillas de tu ley.
119:19 Soy un peregrino en la tierra,
no me ocultes tus mandamientos.
119:20 Mi alma se consume,
deseando siempre tus decisiones.
119:21 Tú amenazas a esos malditos arrogantes,
que se desvían de tus mandamientos.
119:22 Aparta de mí la vergüenza y el desprecio,
porque yo cumplo tus prescripciones.
119:23 Aunque los poderosos se confabulen contra mí,
yo meditaré tus preceptos.
119:24 Porque tus prescripciones son todo mi deleite,
y tus preceptos, mis consejeros. 

Determinación de obedecer a la Ley del Señor

119:25 Mi alma está postrada en el polvo:
devuélveme la vida conforme a tu palabra.
119:26 Te expuse mi conducta y tú me escuchaste:
enséñame tus preceptos.
119:27 Instrúyeme en el camino de tus leyes,
y yo meditaré tus maravillas.
119:28 Mi alma llora de tristeza:
consuélame con tu palabra.
119:29 Apártame del camino de la mentira,
y dame la gracia de conocer tu ley.
119:30 Elegí el camino de la verdad,
puse tus decretos delante de mí.
119:31 Abracé tus prescripciones:
no me defraudes, Señor.
119:32 Correré por el camino de tus mandamientos,
porque tú me infundes ánimo. 

Deseo de cumplir exactamente la Ley del Señor

119:33 Muéstrame, Señor, el camino de tus preceptos,
y yo los cumpliré a la perfección.
119:34 Instrúyeme, para que observe tu ley
y la cumpla de todo corazón.
119:35 Condúceme por la senda de tus mandamientos,
porque en ella tengo puesta mi alegría.
119:36 Inclina mi corazón hacia tus prescripciones
y no hacia la codicia.
119:37 Aparta mi vista de las cosas vanas;
vivifícame con tu palabra.
119:38 Cumple conmigo tu promesa,
la que hiciste a tus fieles.
119:39 Aparta de mí el oprobio que temo,
porque tus juicios son benignos.
119:40 Yo deseo tus mandamientos:
vivifícame por tu justicia. 

Propósito de dar testimonio de la Ley del Señor

119:41 Que llegue hasta mí tu misericordia, Señor,
y tu salvación conforme a tu promesa.
119:42 Así responderé a los que me insultan,
porque confío en tu palabra.
119:43 No quites de mi boca la palabra verdadera,
porque puse mi esperanza en tus juicios.
119:44 Yo cumpliré fielmente tu ley:
lo haré siempre, eternamente.
119:45 Y caminaré por un camino espacioso,
porque busco tus preceptos.
119:46 Hablaré de tus prescripciones delante de los reyes,
y no quedaré confundido.
119:47 Me deleitaré en tus mandamientos,
que yo amo tanto.
119:48 Elevaré mis manos hacia tus mandamientos
y meditaré en tus preceptos. 

La Ley del Señor, fuente de consuelo

119:49 Acuérdate de la palabra que me diste,
con la que alentaste mi esperanza.
119:50 Lo que me consuela en la aflicción
es que tu palabra me da la vida.
119:51 Los orgullosos se burlan de mí como quieren,
pero yo no me desvío de tu ley.
119:52 Me acuerdo, Señor, de tus antiguos juicios,
y eso me sirve de consuelo.
119:53 Me lleno de indignación ante los pecadores,
ante los que abandonan tu ley.
119:54 Tus preceptos son para mí como canciones,
mientras vivo en el destierro.
119:55 Por la noche, Señor, me acuerdo de tu Nombre,
y quiero cumplir tu ley.
119:56 Esto me ha sucedido
porque he observado tus mandamientos. 

Firme adhesión a la Ley del Señor

119:57 El Señor es mi herencia:
yo he decidido cumplir tus palabras.
119:58 Procuro de todo corazón que me mires con bondad;
ten piedad de mí, conforme a tu promesa.
119:59 Examino atentamente mis caminos,
y dirijo mis pasos hacia tus prescripciones.
119:60 Me apresuro, sin titubear,
a cumplir tus mandamientos.
119:61 Los lazos de los malvados me rodean,
pero yo no me olvido de tu ley.
119:62 Me levanto a medianoche
para alabarte por tus justas decisiones.
119:63 Soy amigo de todos tus fieles,
de los que cumplen tus leyes.
119:64 La tierra, Señor, está llena de tu amor;
enséñame tus preceptos. 

La Ley del Señor, fuente de sabiduría en la aflicción

119:65 Tú fuiste bueno con tu servidor,
de acuerdo con tu palabra, Señor.
119:66 Enséñame la discreción y la sabiduría,
porque confío en tus mandamientos.
119:67 Antes de ser afligido, estaba descarriado;
pero ahora cumplo tu palabra.
119:68 Tú eres bueno y haces el bien:
enséñame tus mandamientos.
119:69 Los orgullosos traman engaños contra mí:
pero yo observo tus preceptos.
119:70 Ellos tienen el corazón endurecido,
yo, en cambio, me regocijo en tu ley.
119:71 Me hizo bien sufrir la humillación,
porque así aprendí tus preceptos.
119:72 Para mí vale más la ley de tus labios
que todo el oro y la plata. 

La Ley del Señor, motivo de esperanza

119:73 Tus manos me hicieron y me formaron;
instrúyeme, para que aprenda tus mandamientos.
119:74 Tus fieles verán con alegría
que puse mi esperanza en tu palabra.
119:75 Yo sé que tus juicios son justos, Señor,
y que me has humillado con razón.
119:76 Que tu misericordia me consuele,
de acuerdo con la promesa que me hiciste.
119:77 Que llegue hasta mí tu compasión, y viviré,
porque tu ley es toda mi alegría.
119:78 Que se avergüencen los orgullosos,
porque me afligen sin motivo;
yo, en cambio, meditaré tus preceptos.
119:79 Que se vuelvan hacia mí tus fieles;
los que tienen en cuenta tus prescripciones.
119:80 Que mi corazón cumpla íntegramente tus preceptos,
para que yo no quede confundido.

Fidelidad a la Ley del Señor en la persecución

119:81 Mi alma se consume por tu salvación;
yo espero en tu palabra.
119:82 Mis ojos se consumen por tu palabra,
¿cuándo me consolarás?
119:83 Aunque estoy como un odre resecado por el humo,
no me olvido de tus preceptos.
119:84 ¿Cuántos serán los días de mi vida?
¿Cuándo juzgarás a mis perseguidores?
119:85 Los orgullosos me cavan fosas,
oponiéndose a tu ley.
119:86 Todos tus mandamientos son verdaderos;
ayúdame, porque me persiguen sin motivo.
119:87 Por poco me hacen desaparecer de la tierra;
pero yo no abandono tus preceptos.
119:88 Vivifícame por tu misericordia,
y cumpliré tus prescripciones. 

La estabilidad de la Ley del Señor

119:89 Tu palabra, Señor, permanece para siempre,
está firme en el cielo.
119:90 Tu verdad permanece por todas las generaciones;
tú afirmaste la tierra y ella subsiste.
119:91 Todo subsiste hasta hoy conforme a tus decretos,
porque todas las cosas te están sometidas.
119:92 Si tu ley no fuera mi alegría,
ya hubiera sucumbido en mi aflicción.
119:93 Nunca me olvidaré de tus preceptos:
por medio de ellos, me has dado la vida.
119:94 Sálvame, porque yo te pertenezco
y busco tus preceptos.
119:95 Los malvados están al acecho para perderme,
pero yo estoy atento a tus prescripciones.
119:96 He comprobado que toda perfección es limitada:
¡qué amplios, en cambio, son tus mandamientos!

El amor por la Ley del Señor

119:97 ¡Cuánto amo tu ley,
todo el día la medito!
119:98 Tus mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos,
porque siempre me acompañan.
119:99 Soy más prudente que todos mis maestros,
porque siempre medito tus prescripciones.
119:100 Soy más inteligente que los ancianos,
porque observo tus preceptos.
119:101 Yo aparto mis pies del mal camino,
para cumplir tu palabra.
119:102 No me separo de tus juicios,
porque eres tú el que me enseñas.
119:103 ¡Qué dulce es tu palabra para mi boca,
es más dulce que la miel!
119:104 Tus preceptos me hacen comprender:
por eso aborrezco el camino de la mentira. 

La Ley del Señor, luz y guía de la vida

119:105 Tu palabra es una lámpara para mis pasos,
y una luz en mi camino.
119:106 Hice el juramento —y lo sostengo—
de cumplir tus justas decisiones.
119:107 Estoy muy afligido, Señor:
vivifícame, conforme a tu palabra.
119:108 Acepta, Señor, las ofrendas de mis labios,
y enséñame tus decisiones.
119:109 Mi vida está en constante peligro,
pero yo no me olvido de tu ley.
119:110 Los pecadores me tienden una trampa,
pero yo no me aparto de tus preceptos.
119:111 Tus prescripciones son mi herencia para siempre,
porque alegran mi corazón.
119:112 Estoy decidido a cumplir tus preceptos,
siempre y a la perfección

Repudio de los que no cumplen la Ley del Señor

119:113 Detesto la doblez del corazón
y amo tu ley,
119:114 Tú eres mi amparo y mi escudo:
yo espero en tu palabra.
119:115 Que los malvados se aparten de mí:
yo cumpliré los mandamientos de mi Dios.
119:116 Sé mi sostén conforme a tu promesa, y viviré:
que mi esperanza no quede defraudada.
119:117 Dame tu apoyo y seré salvado,
y fijaré la mirada en tus preceptos.
119:118 Tú abandonas a los que se desvían de tus preceptos,
porque todo lo que piensan es mentira.
119:119 Tú eliminas como escoria a los impíos,
por eso amo tus prescripciones.
119:120 Mi carne se estremece de temor por ti,
y respeto tus decisiones. 

Nueva profesión de fidelidad a la Ley del Señor

119:121 He obrado conforme al derecho y a la justicia:
no me entregues a mis opresores.
119:122 Otorga una garantía a mi favor,
para que no me opriman los orgullosos.
119:123 Mis ojos se consumen por tu salvación
y por tu promesa de justicia.
119:124 Trátame conforme a tu bondad,
y enséñame tus preceptos.
119:125 Yo soy tu servidor: instrúyeme,
y así conoceré tus prescripciones.
119:126 Ha llegado, Señor, el tiempo de obrar;
han quebrantado tu ley.
119:127 Por eso amo tus mandamientos
y los prefiero al oro más fino.
119:128 Por eso me guío por tus preceptos
y aborrezco todo camino engañoso. 

Ardiente deseo de observar la Ley del Señor

119:129 Tus prescripciones son admirables:
por eso las observo.
119:130 La explicación de tu palabra ilumina
y da inteligencia al ignorante.
119:131 Abro mi boca y aspiro hondamente,
porque anhelo tus mandamientos.
119:132 Vuelve tu rostro y ten piedad de mí;
es justo que lo hagas con los que aman tu Nombre.
119:133 Afirma mis pasos conforme a tu palabra,
para que no me domine la maldad.
119:134 Líbrame de la opresión de los hombres,
y cumpliré tus mandamientos.
119:135 Que brille sobre mí la luz de tu rostro,
y enséñame tus preceptos.
119:136 Ríos de lágrimas brotaron de mis ojos,
porque no se cumple tu ley. 

La justicia de la Ley del Señor

119:137 Tú eres justo, Señor,
y tus juicios son rectos.
119:138 Tú impones tus prescripciones con justicia
y con absoluta lealtad.
119:139 El celo me consume,
porque mis adversarios olvidan tu palabra.
119:140 Tu palabra está bien acrisolada,
y por eso la amo.
119:141 Soy pequeño y despreciable,
pero no olvido tus preceptos.
119:142 Tu justicia es eterna
y tu ley es la verdad.
119:143 Cuando me asalta la angustia y la opresión,
tus mandamientos son toda mi alegría.
119:144 La justicia de tus prescripciones es eterna;
instrúyeme y viviré. 

Constancia en la meditación de la Ley del Señor

119:145 Yo clamo de todo corazón: escúchame, Señor,
y observaré tus preceptos.
119:146 Clamo a ti: sálvame,
y cumpliré tus prescripciones.
119:147 Me anticipo a la aurora para implorar tu ayuda;
yo espero en tu palabra.
119:148 Mis ojos se anticipan a las vigilias de la noche,
para meditar tus enseñanzas.
119:149 Por tu amor, oye mi voz, Señor;
vivifícame por tu justicia.
119:150 Se acercan a mí los que me persiguen con perfidia,
los que están alejados de tu ley.
119:151 Pero tú estás cerca, Señor,
y todos tus mandamientos son verdaderos.
119:152 Yo sé desde hace mucho tiempo
que tú afirmaste para siempre tus prescripciones. 

La fidelidad a la Ley del Señor, fuente de salvación

119:153 Mira mi aflicción y líbrame,
porque no me olvido de tu ley.
119:154 Defiende mi causa y sálvame;
vivifícame, conforme a tu promesa.
119:155 La salvación está lejos de los impíos,
porque no buscan tus preceptos.
119:156 Tu compasión es muy grande, Señor;
vivifícame por tu justicia.
119:157 Son muchos los que me persiguen y me oprimen,
pero yo no me desvié de tus prescripciones.
119:158 Veo a los pecadores y siento indignación,
porque no cumplen tu palabra.
119:159 Mira, Señor, que yo amo tus preceptos:
vivifícame por tu amor.
119:160 Lo primordial de tu palabra es la verdad,
y tus justos juicios permanecen para siempre. 

La Ley del Señor, fuente de paz y seguridad

119:161 Los poderosos me persiguen sin motivo,
pero yo temo únicamente tu palabra.
119:162 Yo me alegro en tu promesa,
como quien logra un gran botín.
119:163 Odio y aborrezco la mentira;
en cambio, amo tu ley.
119:164 Te bendigo muchas veces al día,
porque tus juicios son justos.
119:165 Los que aman tu ley gozan de una gran paz,
nada los hace tropezar.
119:166 Yo espero tu salvación, Señor,
y cumplo tus mandamientos.
119:167 Mi alma observa tus prescripciones,
y las ama intensamente.
119:168 Yo observo tus mandamientos y tus prescripciones,
porque tú conoces todos mis caminos. 

Anhelo final de cumplir la Ley del Señor

119:169 Que mi clamor se acerque a ti, Señor:
instrúyeme conforme a tu palabra.
119:170 Que mi plegaria llegue a tu presencia:
líbrame, conforme a tu promesa.
119:171 Que mis labios expresen tu alabanza,
porque me has enseñado tus preceptos.
119:172 Que mi lengua se haga eco de tu promesa,
porque todos tus mandamientos son justos.
119:173 Que tu mano venga en mi ayuda,
porque yo elegí tus preceptos.
119:174 Yo ansío tu salvación, Señor,
y tu ley es toda mi alegría.
119:175 Que yo viva y pueda alabarte,
y que tu justicia venga en mi ayuda.
119:176 Ando errante como una oveja perdida:
ven a buscar a tu servidor.
Yo nunca olvido tus mandamientos.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Salmo 118

SALMO 118 (117)

Este es el día en que actuó el Señor

¡Aleluya!

Invitación a la acción de gracias

118:1¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
118:2 Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor!
118:3 Que lo diga la familia de Aarón:
¡es eterno su amor!
118:4 Que lo digan los que temen al Señor:

¡es eterno su amor! 

Reconocimiento de la ayuda recibida

118:5 En el peligro invoqué al Señor,
y él me escuchó dándome un alivio.
118:6 El Señor está conmigo: no temeré;
¿qué podrán hacerme los hombres?
118:7 El Señor está conmigo y me ayuda:
yo veré derrotados a mis adversarios.
118:8 Es mejor refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres;
118:9 es mejor refugiarse en el Señor
que fiarse de los poderosos.
118:10 Todos los paganos me rodearon,
pero yo los derroté en el nombre del Señor;
118:11 me rodearon por todas partes,
pero yo los derroté en el nombre del Señor;
118:12 me rodearon como avispas,
ardían como fuego en las espinas,
pero yo los derroté en el nombre del Señor.
118:13 Me empujaron con violencia para derribarme,
pero el Señor vino en mi ayuda.
118:14 El Señor es mi fuerza y mi protección;

él fue mi salvación.
118:15 Un grito de alegría y de victoria
resuena en las carpas de los justos:
"La mano del Señor hace proezas,
118:16 la mano del Señor es sublime,
la mano del Señor hace proezas".
118:17 No, no moriré:
viviré para publicar lo que hizo el Señor.
118:18 El Señor me castigó duramente,
pero no me entregó a la muerte. 

Entrada solemne en el Santuario

118:19 "Abran las puertas de la justicia
y entraré para dar gracias al Señor".
118:20 "Esta es la puerta del Señor:
sólo los justos entran por ella".
118:21 Yo te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.
118:22 La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
118:23 Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos.
118:24 Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.
118:25 Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad.
118:26 ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor:
118:27 el Señor es Dios, y él nos ilumina.
"Ordenen una procesión con ramas frondosas
hasta los ángulos del altar".
118:28 Tú eres mi Dios, y yo te doy gracias;
Dios mío, yo te glorifico.
118:29 ¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!